Así lo vivimos: King Crimson en el Teatro Metropólitan

Al anunciarse la gira de 50 aniversario de King Crimson, no resultó tan sorpresivo que la Ciudad de México fuese incluida dentro del itinerario de la mítica banda de rock progresivo… ¿y cómo iba a serlo? Si el público mexicano respondió de una manera eufórica a la visita anterior ocurrida en julio de 2017, durante su Radical Action Tour.

En aquella ocasión, lo que, inicialmente, sólo sería una fecha, terminó por convertirse en una residencia de cinco conciertos sold out en el Teatro Metropólitan de la CDMX, la cual no pasó desapercibida en lo absoluto para Robert Fripp y el resto de la banda, quienes quedaron tan maravillados por el entusiasmo de la gente durante los shows, que decidieron lanzar el álbum en vivo + DVD, Metldown (Live in Mexico City, 2017), con los mejores momentos de dichos recitales.

En esta ocasión, con motivo del 50 aniversario de la banda y de su álbum debut, ‘In The Court of The Crimson King’, el itinerario de King Crimson no sólo incluye a la Ciudad de México, sino también una escala de dos fechas en Guadalajara.

Foto: Tony Levin
Foto: Tony Levin

Pues bien, el pasado viernes dio inicio el esperado regreso de la banda a la Ciudad de México, y algunas cosas fueron distintas con respecto al 14 de julio de 2017 (el inicio de de su anterior residencia). La primera de ellas fue que, ésta vez, pese a la gran demanda, no hubo sold out; de hecho, en la sección que daba hasta adelante, se alcanzaron a ver algunos asientos sin ocupar.

La segunda fue la impuntualidad de los asistentes, quizás motivada por la fuerte lluvia que desquició el tránsito de la ciudad. Pero el concierto ya había comenzado, y aún había una larga fila esperando a ingresar al venue; incluso, hubo quienes llegaron pasadas las 21:00 hrs. (la banda salió a escena a las 20:30 hrs).

Mientras tanto, en el escenario nos volvíamos a encontrar con la misma alineación imponente que nos voló la cabeza hace dos años, encabezada por la enigmática presencia del legendario Robert Fripp en la guitarra líder y sintetizador, acompañado del incansable Tony Levin en el bajo y el Champan Sticker , el multi instrumentista de aliento Mel Collins y Jakko Jakszyk, quien tenía bajo su responsabilidad la voz principal y la guitarra de acompañamiento; todos ellos colocados en la tarima superior. En la parte inferior del escenario, nuevamente veíamos colocada a esa brutal triada de bateristas encabezada por Pat Mastelotto (otro viejo lobo de mar de Fripp junto con Tony Levin), comandando la sección percusiva a lado de Jeremy Stacey (quien anteriormente había pisado el mismo escenario con Noel Gallagher, teniendo también una ardua labor en los teclados) y el ex Porcupine Tree, Gavin Harrison. Todos ellos, alineados cual orquesta sinfónica.

Así pues, aún con la gente ingresando al Teatro, King Crimson inició la velada con la poderosa “Larks’ Tongues in Aspic (Part I)”, para dar paso a “Suitable Grounds for The Blues”, durante la cual Mel Collins realizó un pequeño pasaje de “Tequila” de The Champs con el saxofón, haciendo que el público interactuara exclamando al unísono “¡Tequila!”.

Y se vino el primer punto alto de la noche, al dar inicio la fantástica “Red”, del álbum del mismo nombre, en la cual Jeremy Stacey y Mel Collins incorporaron algunos arreglos de piano y flauta, respectivamente, que para nada desentonaron con el mood frenético del track en cuestión. De ahí, la pronta aparición de la melancólica “Epitaph”, uno de los temas que cumplen 50 años en este 2019, y el cual por supuesto arrancó la ovación de la audiencia tanto al inicio como al final del mismo tras la impecable ejecución por parte de los siete músicos en escena.

Tras la interpretación de “Larks’ Tongues in Aspic (Part II)” y “Cirkus” se vino una nueva adición al setlist que no habíamos escuchado la ocasión anterior. Me refiero a “Frame by Frame”, ese tema delirante incluido en ‘Disciplne’ (1981), cuya versión de estudio brillaba por el trabajo vocal de Adrian Belew y el telúrico sonido de las guitaras creado entre éste y Robert Fripp. La ejecución estuvo a la altura, con un nuevo intro creado por Gavin Harrison y Jermey Stacey;  sin embargo, fue inevitable extrañar a Belew y su increíble magia en las 6 cuerdas, pero sobre todo en las vocales (una prueba harto difícil para Jakko Jakszyk). De ahí, siguieron “EleKtriK” y otra de las entrañables, “One More Red Nightmare”, que estuvo impecable.

El final del primer set fue un festín rítmico durante el turno de “Indiscipline”, cuyo intro se fue extendiendo para que Mastelotto, Stacey y Harrison nos regalaran otro de los momentos cumbre de la noche con ese brutal jam de batería y percusiones, en los que la mirada no nos era suficiente para poder contemplar el impresionante trabajo de los tres bateristas, quienes, más que hacer un duelo de tambores, parecía como si se fueran siguiendo beat tras beat, dejando que cada uno tuviera su momento catártico ante la mirada orgullosa de Robert Fripp, quien desde arriba veía lo que esta actual alineación de King Crimson es capaz de hacer. Hacia el final del tema, Jakko Jakszyk sustiruiría el grito de “I like it!” (grabado por Adrian Belew) por “¡Me gusta!”.

Tras la pausa, el segundo acto del recital nuevamente arrancó suspiros al escucharse las primeras notas de “Moonchild”, la cual fue hilada con la bellísima pieza de jazz, “Islands”, ese soberbio tema del álbum del mismo nombre que ha sido la prueba fehaciente de por qué King Crimson bien debería ser considerado un sub género (y lo digo sin exagerar). Las melancólicas notas del piano ejecutadas por Stacey y el sonido del mellotrón de Fripp, nos daban la misma sensación de calma que nos transmiten en la grabación original, la cual toca las fibras más sensibles cuando entra el arreglo de trompeta, esta vez ejecutado por Mel Collins.

La intensidad nuevamente subió con “Easy Money”, en donde por fin Robert Fripp se decidió a tomar un rol protagónico en el show. Lo que seguiría era, quizás, el momento esperado por los verdaderos fans de King Crimson; las primeras notas de “Starless” sonaban, y aquello era un mar de emociones. En un plano personal me atrevo a decir que éste es el tema que marca el antes y el después de la banda, el que mejor define su obra, el que puede enganchar lo mismo a quienes sean fans from hell como a aquellos que apenas son iniciados en el universo crimsoniano. Transcurrieron sus pocos más de 12 minutos de duración, en donde todos y cada uno de los siete miembros de la banda tuvieron su momentum para que éste fuera el highlight de la noche.

Al final de la interpretación tan perfecta (sonando tal cual la versión de estudio grabada hace 45 años), el público respondió de la única forma en que se podía demostrar la aprobación y el agradecimiento hacia la banda: una total y efusiva ovación de pie (seguro más de uno tuvimos que contener el llanto de la emoción).

Y así finalizó el segundo acto, para dar pie al encore, en donde la clásica (y también muy esperada) “In The Court of The Crimson King” hiciera su aparición, esta vez, en su versión completa para así finalizar la primera noche de cuatro programadas en el Teatro Metropólitan.

¿Y “21st Schizoid Century Man”? Quizás para mejor ocasión.

19 canciones y tres horas de concierto fueron una prueba contundente de por qué el legado de King Crimson es imperecedero. 50 años de carrera y 13 disruptivos álbumes de estudio son el palmarés que respalda al proyecto encabezado por el eterno Robert Fripp.

King Crimson: una experiencia contemplativa

Previamente, se había dado la indicación de que no se podría sacar el celular para tomar fotografías y/o videos durante el recital. Para unos podría ser una decisión un tanto arrogante por parte del artista, pero esta noche King Crimson nos dio la maravillosa oportunidad de contemplar y admirar el desempeño de sus siete músicos en escena en vez de tomar un registro audiovisual. La colocación de los tres bateristas al frente requería de toda la atención de los asistentes.

Los recitales de King Crimson son una experiencia que todos deberían apreciar en algún momento de la vida, pero que, quizás, no todos sean capaces de asimilar.

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