Así lo Vivimos: The Jesus & Mary Chain en El Plaza Condesa

Apenas habían pasado ocho meses de la actuación de The Jesus & Mary Chain en el Festival Corona Capital, por lo que no esperábamos que regresaran a nuestro país tan pronto.

Sin embargo, ésta representaba la oportunidad de ver a la banda británica en un lugar más íntimo y con una acústica intachable como lo es El Plaza Condesa, que finalmente registró una buena entrada (las promociones de 2×1 a veces sí son de mucha ayuda), la cual estaba compuesta en su mayoría por “chavorrucos” (¡ay, hasta acá llegó la pedrada!) cuyas edades oscilaban entre los 35 y 50 años (no deja de ser curioso que suelen verse las mismas caras en esta clase de conciertos).

Llegando al inmueble, la primera buena señal de la jornada fue ver que la fuerte lluvia había cesado por completo, y no se veía indicio alguno de que ésta volviese a hacer de las suyas, por lo que no hubo mayor problema para que los asistentes llegaran puntuales a la cita pactada a las 9:00 p.m.

En esta ocasión, no hubo teloneros (gracias a Dios), así que solo era cuestión de minutos para la salida de The Jesus & Mary Chain, quienes estarían oficializando su cuarta visita a nuestro país. De hecho, los impuntuales fueron los propios “Mary Chain”, quienes saltaron al escenario con más de 10 minutos de retraso.

La banda aún se encuentra en promoción de su más reciente álbum de estudio, ‘Damage and Joy‘ (2017), por lo que algunos temas de este séptimo material sonaron esta noche, como es el caso de “Amputation”, su primer single que abrió el show para dar paso a dos tremendos clásicos como “April Skies” y la infalible “Head On”, que esta vez sonó impecable. No obstante, los ánimos aún no estaban del todo encendidos… como si se tratara de un concierto de rutina (por que sí los hay), en el que los asistentes solamente fueron por cumplir con la asistencia “obligada” que implica el presenciar a esta clase de bandas de culto.

Sin embargo, aún había mucho por ver, y fue precisamente en su clásico noventero, “Far Gone and Out”, donde los Jesus and Mary Chain empezaron a sacar todo el poderío que no vimos (al menos, en su máximo esplendor) en su pasada presentación del Corona Capital. La magia de los guitarristas William Reid y Scott Von Ryper empezaba a surtir efecto, sobre todo, en la triada compuesta por “Taste of Cindy”, “The Living End” y “Never Understand”, temas correspondientes a ‘Psychocandy‘, el glorioso debut de la banda lanzado en 1985.

Previo al encore, también hubo espacio para el B side “Some Candy Talking”, un tema lento correspondiente a la era de ‘Psychocandy‘, cuya parte climática llega hacia el final. Pero en esta ocasión, dicho climax fue una tremenda -y hermosa- explosión de decibeles que nos tomó a todos por sorpresa  envolviéndonos en una bellísima e inquietante capa noise.

Entrando en el encore, nos topamos con el que era, quizás, el tema más esperado de la noche: la edulcorada pero hermosa  “Just Like Honey”, la cual dio inicio con unos loops que advertían de su inminente interpretación incluso antes de que los cinco músicos regresaran al escenario. Y ahí estaba, el tema sine qua non de The Jesus & Mary Chain al que la directora francesa, Sofía Coppola, habría de darle un nuevo significado (incluso uno más doloroso) tras incluirla en su obra maestra de 2003, Lost in Translation (‘Perdidos en Tokio’).

Hacia el final, la banda comandada por hermanos Jim y William Reid nos sorprenderían con “War on Peace”, tema correspondiente a ‘Damage and Joy‘, cuya base rítmica ejecutada por Brian Young (batería y programaciones) y Mark Crozer (bajo) nos permitió imaginar que la esencia de The Velvet Underground (una clara influencia de TJ&MC) se había hecho presente en el escenario hasta cambiar abruptamente por una vibra más orientada al krautrock.

Así pues, el punto culminante de la noche llegaría con la rollingstoniana “I Hate Rock & Roll”, en donde el espíritu del gran Kevin Shields (My Bloody Valentine) parecía haberse apoderado de William Reid, quien logró hacer que la guitarra alcanzara un nivel de ruido digno de su reputación como precursor de la escena noise y shoegaze.

Resulta curioso ver cómo la vibra de un show puede cambiar de un momento a otro.  Lo que en un principio parecía un concierto más en el listado de cualquier concert goer promedio, terminó por convertirse en toda una experiencia en la que el ruido envolvente finalmente justifico el significado del concepto “Beautiful Noise“.

Haciendo un balance entre el set del Corona Capital y el recital de anoche, la diferencia no solo es palpable en la respectiva duración de ambos eventos (en esta ocasión, el recital duró casi hora y media), sino que nos ha dado una mayor perspectiva de las inclemencias que trae consigo el ver a un artista en un festival, pues éste debe ajustarse a las condiciones de la organización y del entorno que les rodea.

Bajo esta premisa, es claro que, en noviembre pasado, la ingeniería de audio no le hizo justicia al legado de The Jesus & Mary Chain (la guitarra rítmica apenas y era perceptible), a quienes, en esta ocasión, pudimos ver explotando todo su potencial y haciendo ruido como se debe. Un ruido que, sí, es muy estruendoso e impactante pero, al mismo tiempo, dista mucho de ser molesto y agresivo al oído.

No cabe duda de que el ruido también puede ser una forma de arte, y bajo esta consigna, The Jesus & Mary Chain son artesanos.

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MEXICO CITY PHOTO: @krynowek

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