Don’t you shiver?: ‘Parachutes’ de Coldplay cumple 20 años

Hace 20 años comenzaba la verdadera aventura de Coldplay rumbo al estrellato...

Coldplay es una banda que, desde su salto al mainstream en el año 2000, siempre ha polarizado las opiniones a su alrededor: o los amas o, en serio, los odias.

Y, si somos honestos, la banda comandada por Chris Martin ha dado muchas motivos para todo el desdén del que han sido objeto en los últimos 10 años. Sin embargo, vale la pena recordar las épocas en las que el cuarteto londinense estaba muy lejos de volverse un émule millennial de U2, y aun más lejos de los shows de estadio, las pulseras luminosas (llamadas xylo bands) y sobre todo, las canciones descaradamente pop y cheesy que harían a la banda tocar su punto más bajo con esas colaboraciones tan cuestionables con gente como Rihanna, Beyoncé y The Chainsmokers.

Remitámonos al año 2000, la época en la que Coldplay formaba parte de esa generación conocida como post brit pop, en la que también cabían otras agrupaciones como Doves, Elbow, Starsailor, TravisEmbrace e incluso Muse. Todas estas bandas constituían una de las primeras camadas de artistas claramente influenciados por Radiohead (sobre todo el de ‘The Bends‘), pero cada una, desde su trinchera, iría formando su propio camino, algunos con mayor éxito que otros.

Hasta ese momento, Travis era la agrupación que más gozaba del éxito mediático con su segundo álbum de estudio, ‘The Man Who‘ (1999), pero las cosas cambiarían en cuestión de meses tras la aparición de «Yellow», el edulcorado segundo sencillo de ‘Parachutes‘, el álbum debut de Coldplay que aún estaba por venir.

El impacto de «Yellow» fue tan grande, que la prensa británica rápidamente disminuyó el entusiasmo que había sobre Travis para centrar su atención hacia Coldplay. El tema fue escrito en tan sólo 10 minutos, y cuenta con un estribillo meloso que sería el gancho perfecto para que la banda comenzara su paso por algunos festivales de Europa con el pie derecho, pues las aun pequeñas audiencias que presenciaban sus sets en vivo ya coreaban al unísono: «look at the stars/ look how the shine for you«.

Hoy en día, «Yellow» sigue siendo el mayor hit de Coldplay.

Finalmente, el momento esperado llegó el 10 de julio del 2000. Coldplay lanzaba ‘Parachutes‘ de manera oficial, y ahí comenzaría la verdadera aventura del cuarteto con una placa de 10 temas que mostraban a una banda joven e inexperta, pero al mismo tiempo, con un genuino encanto que, tristemente, no volvió a verse en sus siguientes producciones.

La placa abre con «Don’t Panic», un encantador tema que apenas rebasa los 2 minutos de duración, y cuya lírica muestra un poco la línea «positiva» que Chris Martin habría de emplear a lo largo de su carrera (aunque no de una manera tan insufrible como en los años posteriores). Martin entonaba «We live in a beautiful world/ Yeah, we do/ Yeah, we do«.

De ahí nos seguimos con la que, a juicio de quien esto escribe, es la mejor canción que Coldplay ha lanzado en sus más de 20 años de carrera: la dolorosa «Shiver», una bellísima oda al fallecido Jeff Buckley (cuya influencia también tuvo mucha repercusión en el ‘The Bends‘ de Radiohead), en la que Martin le canta desde lo más profundo de su tristeza a un amor no correspondido. Musicalmente, la mezcla de guitarras acústica y eléctrica, en conjunto con la sección rítmica, parecen netamente inspiradas en «Grace» de Jeff Buckley.

De ahí nos vamos a un par de temas sumamente infravalorados, pero que sobresalen por ese feeling tan único que la banda jamás volvió a mostrar. Me refiero, en primer lugar, a la hermosa y oscura «Spies», en donde la guitarra de Jonny Buckland resalta gracias a la atmósfera creada con el ebow y los arpegios a la «The Edge». El segundo caso es la preciosa «Sparks», un tema con tintes de jazz, en los que Guy Berryman lleva la batuta a través de sus lineas de bajo; en la última gira, Coldplay decidió retomar este track, y es innegable lo mucho que se extrañan estas canciones en los shows de la banda.

Después de la ya mencionada «Yellow», nos encontramos con otro tema soberbio, la melancólica «Trouble», la cual según fue escrita por Chris Martin en una época en la que el frontman tenía el peor humor del mundo y mostraba una pésima actitud, lo que lo llevó a considerar deshacer a la banda. El resultado es esta pequeña joya con base de piano que sentaría una especie de fórmula para otras baladas que la banda lanzaría en sus siguientes placas, por ejemplo: «The Scientist», «What If», «Another’s Arms» y «Everglow». La lírica denota una sensación de arrepentimiento en «Oh! I never meant to cause you/ I never meant to do you wrong«. Al parecer, no era a un amor fallido a quien Martin le dedicaba estas líneas, sino a sus compañeros de grupo, que tuvieron que lidiar con su mal carácter.

Hay que hacer mención del videoclip grabado para Estados Unidos, cuya animación derivó en un hermoso trabajo audiovisual en el que la estética del mismo y las tonalidad melancólica hacen un perfecto match.

Tras la aparición del track titular, «Parachutes», y su corta duración, llega otro tema que ha sido uno de los favoritos entre los fans de antaño (no de los ridículamente autoproclamados «coldplayers»): «High Speed», el tema más «Radiohead» del álbum, en el que la batería de Will Champíon remite a la eficiente labor de Phil Selway, mientras la guitarra de Jonny Buckland cargada de delays le da esa vibra espacial que se puede encontrar en el ‘OK Computer‘ o incluso en ‘The Piper at The Gates of Dawn‘ de Pink Floyd.

El álbum cierra con un par de bellísimos temas. El primero es el lento «We Never Change», en donde un inocente Chris Martin reflexiona sobre el futuro «We never change, do we?/ We never learn, do we?/So I want to live in a wooden house/Where making more friends would be easy«.

Y finalmente, el recorrido del álbum concluye con «Everything’s Not Lost», un tema de cariz beatlesco en el que Chris Martin exhorta a no perder la esperanza ante las adversidades, y mientras Jonny Buckland intenta emular a Syd Barrett con esos slides en la guitarra cargados de delay, Chris Martin y Will Champion se unen en un coro que recita insistentemente «Come on Yeah/ Everything’s Not Lost«. Según Guy Berryman (bajista), éste track fue incluido de último minuto en el álbum, ya que los cuatro miembros de la banda se dieron cuenta de que ‘Parachutes‘ no podía tener un mejor cierre.

A 20 años de su aparición, ‘Parachutes‘ sigue siendo la más grande prueba de que Coldplay alguna vez fue capaz de crear música honesta y sin mayores pretensiones que las de manifestar sus emociones a través de su «arte». Para muchos, ese lado de la banda ha muerto; incluso pareciera que Coldplay se convirtió en algo tan grande y monstruoso, que ya ni nos pertenece a los fans de antaño, sino a una audiencia más allegada a cosas como Bruno Mars o Imagine Dragons.

Es cierto, de toda esa camada de bandas que mencionamos casi al principio, Coldplay ha sido la que ha conseguido, y por mucho, el mayor éxito comercial dentro y fuera de la Gran Bretaña; sin embargo, también ha sido la que más ha contaminado y denigrado su propia obra. De hecho, nos caía mejor el Chris Martin «tímido» y «soñador» que el Chris Martin «americanizado» y bobalicón que se junta con gente de la calaña de Jay Z y Beyoncé.

Aunque, después de ver que la banda enderezó un poco el camino con su más reciente material, ‘Everyday Life‘ (2019), es prudente señalar que, tal y como dice su propia canción, no todo está perdido («everything’s not lost»).  Aún así, ‘Parachutes‘ siempre será la razón por la que los fans de antaño aún nos aferramos a Coldplay.

 

 

The Flu

Educado y lindo.
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