Live8: El último suspiro de Pink Floyd

La última presentación de la alineación clásica de Pink Floyd tuvo lugar en el Hyde Park de Londres el 2 de julio de 2005...

El 2 de julio de 2005, en pleno ascenso de la tecnología digital, el mundo sería testigo nuevamente de un evento masivo que conectaría a millones de espectadores en el mundo mediante una serie de conciertos simultáneos efectuados en Johannesburgo y en algunos puntos estratégicos del G8 como Londres, París,  Roma, Filadelfia y Moscú.

Definitivamente, los tiempos y la escena musical habían cambiado mucho desde aquél Live Aid de 1985 que vio a Queen convertirse en leyenda, y por el que desfilaron grupos como Duran Duran y Dire Straits, que vivían en su momento de mayor impacto comercial, además de ser testigos del enorme potencial de una joven banda irlandesa (en ese entonces, con un sonido post punk) que a posteriori habría de conquistar el mundo para bien y para mal: U2.

Veinte años después de este ambicioso proyecto orquestado por Bob Geldof, el propio líder de The Boomtown Rats volvería a embarcarse en una nueva misión «filantrópica», pero en esta ocasión no buscaría recaudar fondos para combatir la hambruna en África como en 1985 (se recaudaron cerca de 79 millones de libras esterlinas), sino mandar un mensaje a los países correspondientes al G8 para que estos adquirieran mayor conciencia y fueran determinantes en la lucha contra la pobreza mundial.

Evidentemente, el elenco que más llamó la atención fue el reunido para el concierto del Hyde Park de Londres, el cual incluía a actos legendarios como Paul McCartney, U2, Madonna y The Who, además de nombres que hacían ruido en la escena alternativa británica y mundial de aquellos años, como Coldplay, Stereophonics, Keane, Velvet Revolver y The Killers. Pero, de todos ellos, hubo un nombre que habría de causar mayor expectativa que el resto, pues se trataba del regreso de una de las bandas más exitosas e influyentes de todos los tiempos: Pink Floyd.

Pero la llegada de Pink Floyd al Hyde Park de Londres en 2005 no fue tan fácil. De hecho, parece ser que éste fue un enorme mérito del propio Bob Geldof, quien ha sido señalado como el principal responsable de que David Gilmour y Roger Waters limaran asperezas aunque fuera por unos momentos. El músico irlandés había hecho una gran amistad con ambos integrantes de Pink Floyd después de haber protagonizado The Wall, el filme basado en el icónico álbum de estudio de la banda británica (The Wall, 1979).

En primera instancia, David Gilmour había rechazado la invitación de Geldof, quien le sugirió que Pink Floyd debía tocar en esta nueva versión del «Live Aid». El guitarrista declaró que había declinado esta invitación «no porque no creyera que fuera una buena causa, sino porque sentí que (Live8) saldría bien sin nosotros«.

Pero, pese a la negativa de Gilmour, Bob Geldof no se dio por vencido en su intento por persuadirlo. Aparentemente, el intérprete de «I Don’t Like Mondays» estaba plenamente convencido de que Pink Floyd debía ser el acto estelar de Live8 a como diera lugar, así lo confirmó Nick Mason, baterista de la banda, a Louder Sound: «[Geldof] buscaba un acto verdaderamente innovador, por lo que quería reintegrar esta alineación en particular de esta banda en particular. […] Creo que fue una gran idea. […] Primero empezó con David y gradualmente hizo su trabajo con el resto […] Creo que probablemente estaba tan sorprendido como nosotros«.

Finalmente, Bob Geldof logró convencer a David Gilmour, por lo que el siguiente paso era que el guitarrista y Roger Waters tuvieran un acercamiento para tratar de calmar los ánimos. Dicha reunión se llevó a cabo en una habitación de hotel en Londres.

Al recordar la experiencia, Gilmour declaró que «fue muy raro, obviamente, entrar a la misma habitación«. Agregó que sólo les tomó dos minutos para que la dinámica se tornara igual que cuando ambos formaban parte de la misma banda. Como resultado de dicha reunión, David Gilmour fue tajante al aceptar que ésta fue «sumamente forzada y cautelosa«.

Pink Floyd tuvo tres días de ensayo con su alineación completa. Y, en realidad, no fueron momentos de júbilo como se hubiese pensado, pues rápido empezaron a surgir las disputas de antaño entre Waters y Gilmour, quien explicó «Roger es muy asertivo, y hubo ocasiones en las que él quería que algo ocurriera, tomar una decisión, y no era en la forma que yo quería que ocurriera; así que tuvimos algunas pequeñas discusiones«.

Aparentemente, uno de los puntos de tensión entre David y Roger en los ensayos surgió luego de que el primero se negara a incluir en el set «Another Brick In The Wall Part. II», el tema más conocido de ‘The Wall‘, mismo que fue propuesto por Waters en el show que tendría 20 minutos de duración. Finalmente, en su lugar sería interpretada «Comfortably Numb», otro de los temas estelares de dicho álbum que, además, cuenta con el laureado solo de guitarra de David Gilmour.

 

Pink Floyd durante los ensayos de su presentación en Live8

I’ll see you on the dark side of the moon

Finalmente, llegó el momento esperado por todos. La jornada de Live8 en Londres arrancaba con U2 y Paul McCartney interpretando en conjunto la clásica «Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band» de The Beatles, para posteriormente dar paso al set de los irlandeses. De ahí, desfilarían diversos actos como Stereophonics, Elton John (que tendría como invitado a Pete Doherty de The Libertines), Keane, Madonna y The Killers, además de los momentos especiales protagonizados por Coldplay y su invitado de lujo, Richard Ashcroft, para interpretar la épica «Bittersweet Symphony», así como la breve pero poderosa actuación de The Who, que serían el preámbulo al acto más esperado de la tarde, Pink Floyd.

Todas estas actuaciones, vistas por miles de asistentes al Hide Park de Londres, aunado a millones de espectadores que seguían minuto a minuto este suceso a través de sus ordenadores  (muchos aún con conexión telefónica), fueron haciendo más agónica la espera para atestiguar lo que sería el último show de Pink Floyd en su historia.

El momento llegó, y la sensación, a varios años de distancia, sigue siendo indescriptible; la emoción causada por la soñada aparición de Pink Floyd en escena era la misma estando en Londres que detrás de una computadora al otro lado del mundo. Algunos hicieron un nudo en la garganta, otros seguramente no pudieron contener el llanto ante la incredulidad de ver nuevamente juntos, por única vez, a David Gilmour (guitarra), Roger Waters (bajo), Richard Wright (teclados y sintetizadores) y Nick Mason (Batería).

¡Ahí estaba Pink Floyd! Y arrancarían su set con un pequeño medley de ‘The Dark Side of The Moon‘ (1973) en el que fueron ligadas «Breath (In The Air)» y «Breath (Reprise)» para dar paso a «Money», ése sardónico tema con tintes de jazz que llegó a su punto climático con el tremendo solo de guitarra Gilmour.

Posteriormente, llegaría la melancólica «Wish You Were Here» del álbum del mismo nombre (Wish You Were Here, 1975), la cual fue dedicada al otro miembro y fundador de Pink Floyd, el cual, pese a su ausencia, no podía ser omitido en este momento histórico: Syd Barrett, cuyo legado siguió estando presente en gran parte de la discografía de la banda aun después de su salida. David Gilmour dejó que Roger Waters entonara el segundo verso de la canción, para, posteriormente, entonar al unísono «How wish… how wish you were here/ We’re just two lost souls swimming in a fishbowl/ Year after year / Running over the same old ground/ But have we found the same old fears?/ Wish you were here«.

Finalmente, la banda cerraría con «Comfortably Numb», el momento épico de la noche en la que Gilmour y Waters alternaban las vocales, Richard Wright aumentaba la intensidad en las atmósferas, igual que Nick Mason, quien incluso se desprendió de su apuntador para subir el tempo de la batería al momento del solo de guitarra, magistralmente interpretado por David Gilmour.

Veinticuatro minutos después, la actuación de Pink Floyd, la primera con su alineación clásica en 24 años, había llegado a su fin. Tres de los cuatro integrantes se congregaban al centro del escenario, mientras David Gilmour era persuadido por Roger Waters para que se unieran en el abrazo de despedida. Se notaba cierta incomodidad por parte de Gilmour, quien, de hecho, daba la impresión de estar ahí sólo por cumplir con un favor a su amigo Bob Geldof, pues su semblante durante el set era de «Bueno… aquí vamos… ¡Hagámoslo! ¡Y que sea rápido!«.

Esta última actuación de Pink Floyd no sólo fue un «favor» a Bob Geldof y sus aspiraciones «capitaltruistas», sino también un regalo a los fans que, afortunadamente, podemos revivir una y otra vez.

Un año después, el 7 de julio de 2006, Syd Barrett, miembro fundador de la banda y líder creativo durante sus primeros años, fallecería en su casa de Cambridge a causa del cáncer de páncreas. dos años más tarde, el 15 de septiembre de 2008, Richard Wright, tecladista y artífice principal del sonido de la banda, también perdería la batalla contra el cáncer. Con la partida de Wright, se terminó cualquier posibilidad de que Pink Floyd volviese a los escenarios.

The Flu

Educado y lindo.
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